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Foro 3 Unidad 2-Módulo 1, Lectura 1 Unidad 2, Módulo 1Discusión de la lectura Conquista y colonización: Creación de las sociedades caribeñas Luego de leer esta lectura, comenta qué fue lo que más llamó tu atención de este relato y por qué. Aquí lo importante es el por qué, tu respuesta debe contener un argumento que dé una razón que demuestre un ejercicio reflexivo, es decir que has evaluado una idea o conocimiento previo que ahora cambia o se le añade algo, a partir de lo leído.
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Foro 3 Unidad 2-Módulo 1, Lectura 1 Unidad 2, Módulo 1
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Introducción a la lectura
Esta lectura está tomada de la Enciclopedia de Puerto Rico, que es una
colección virtual desarrollada por la Fundación Puertorriqueña de las
Humanidades, la National Endowment for the Humanities y la
Fundación Ángel Ramos.
El propósito es que nos ubiquemos en la primera de las dos
ocupaciones o invasiones, si algunos prefieren llamarlo así, que sufrió
nuestra Isla.
Esta primera ocupación la enfrentaron las primeras civilizaciones
indígenas que habitaban las tierras de Boriquén y de ella nació una
nueva población que conformó las bases genéticas y culturales del
pueblo puertorriqueño. De esa etapa y su historia trata esta lectura.
Esta nueva población, que podríamos llamar la ‘segunda’ civilización
que se desarrolla en suelo boricua, en estrecha relación con España, es
la que tendrá que enfrentar la segunda ocupación o ‘invasión’ que
sufrirá nuestro territorio boricua: la llegada o ‘invasión’ de los Estados
Unidos.
Referencia:
Torres, P.S. (2012). Conquista y colonización: La creación de las
sociedades caribeñas, Enciclopedia de Puerto Rico. Recuperado el 19 de
mayo de 2013 de http://www.enciclopediapr.org
Conquista y colonización: La creación de las sociedades caribeñas1
La llegada de la civilización occidental, según expresó en su momento la entonces
recién unificada monarquía española, constituyó una transformación radical para
la vida de los millones de personas que vivían en el continente americano. Taínos
y caribes fueron los pueblos que habitaban las islas a las que avistaron las tres
naves lideradas por el explorador Cristóbal Colón en busca de una ruta alterna a
las Indias para aumentar el comercio del reino español. El primer encuentro entre
los europeos y los “indios” ocurrió en la isla Guanahaní en el archipiélago que
actualmente llamamos Bahamas; sus habitantes recibieron al extraño con regalos
y curiosidad. Colón respondió las cortesías y buscó ansioso evidencia de los
grandes tesoros que esperaba encontrar en los reinos del Lejano Oriente. Nombró
la isla como San Salvador y prosiguió su camino. Así se dio el inicio del
movimiento expansionista europeo hacia el “Nuevo Mundo”.
Durante los cuatro viajes que hizo el almirante por el mar, que los europeos
llamarían Caribe, navegó por las costas de sus islas y del continente de Centro y
Sur América. En nombre de los reyes Católicos de Castilla y Aragón y de la Iglesia
católica tomó posesión de aquellas tierras y les dio nuevos nombres. Antes de su
regreso del primer viaje, Colón estableció en La Española el Fuerte Navidad con
una treintena de hombres, cuya misión era establecer acuerdos de intercambio
con los taínos, habitantes nativos de la isla. Pero al regresar al año siguiente
encontraron el fuerte destruido y a sus hombres muertos. A pesar de ello,
establecieron la base primera de la conquista y colonización española de las islas
del Caribe y el continente americano, en aquella isla, hasta entonces llamada Haití
y que fuera el centro de la cultura taína en las Antillas.
1 1 Torres, P.S.
(2012). Conquista y colonización: La creación de las sociedades caribeñas, Enciclopedia de
Puerto Rico. Recuperado el 19 de mayo de 2013 de http://www.enciclopediapr.org
Colonización española
En un inicio, los españoles trataron de establecer una
factoría mercantil, como hicieron los portugueses en las costas de Africa, para
intercambiar el oro que les trajeran los taínos. No obstante, los taínos no
producían lo suficiente para satisfacer la ambición hispana, pues había entre
taínos y españoles una diferencia que va más allá del físico o el color de piel. Los
taínos tenían una sociedad autosuficiente, pero que no buscaba reunir
excedentes; mientras que los españoles —como todos los europeos de la época—
basaban la suya en la acumulación incesante de riquezas. Decidieron entonces
buscar ellos mismos el oro y obligar a los taínos a que se ocuparan de la penosa
tarea de lavar la arena de los ríos en busca del preciado metal. Como la reina
Isabel declaró que los pobladores de los nuevos territorios serían súbditos de
Castilla, no podían ser esclavizados. Las cortes españolas establecieron entonces
la encomienda: régimen de trabajo obligatorio en la que los taínos, a cambio de su
labor, recibían casa, alimentos, vestimentas, educación y religión. El régimen de la
encomienda fue implantado en todas las colonias españolas en América. Las
autoridades coloniales en los distintos territorios conquistados asignaron
centenares de taínos a los conquistadores y a la Iglesia católica quienes los
obligaron a trabajar en las minas auríferas de oro o en las siembras de yuca que
alimentaban a la población caribeña. La realidad para los aborígenes es que
fueron privados de su libertad y anterior estilo de vida y muy pocas de las
salvaguardas legales redactadas para protegerlos fueron cumplidas por los
encomenderos. Para los taínos, la llegada de la civilización occidental resultó
devastadora. Fueron desarraigados de sus comunidades y forzados a vivir cerca
de los lavaderos de oro o según conviniera a los intereses de los encomenderos.
Su cultura y forma de vivir fueron desdeñadas como primitivas o salvajes, incluso
entre los pocos europeos que lucharon a su favor. Sus creencias religiosas fueron
prohibidas y les obligaron a practicar el catolicismo; su alimentación, vestimentas
y maneras de vivir, sustituidas por las costumbres castellanas. Fueron sometidos
además, a un riguroso régimen de trabajo y a una violenta y cruel disciplina.
En un principio, los taínos se rebelaron contra la ocupación en La Española, pero
fueron vencidos ante la superioridad de las armas y tradición bélica del invasor. Lo
mismo ocurrió en años subsiguientes en Puerto Rico en una rebelión liderada por
Agüeybaná, el Bravo, y en Cuba, por Hatuey, un cacique que huyó de La Española
y alertó a los taínos del este cubano de las malas intenciones de los barbudos.
Mientras, los sobrevivientes de la guerra de la conquista no pudieron soportar la
situación. Dejaron de tener hijos, escaparon al interior montañoso o se fueron a
las islas de los caribes. Algunos incluso recurrieron al suicidio colectivo. Sin
embargo, la mayoría murió a causa de las enfermedades que llegaron con los
españoles para las que no tenían anticuerpos. A pesar de la crueldad demostrada
por los españoles en su trato con los taínos por no aceptar su dominio sobre ellos,
hubo voces que se alzaron contra el abuso. El fraile Antonio de Montecinos y
Bartolomé de las Casas protestaron enérgicamente ante las autoridades reales.
De sus esfuerzos resultaron las Leyes de Burgos. de 1512, que reglamentaron el
trato que recibirían los indios en las encomiendas. No obstante, estas
disposiciones legales no podían ser implementadas desde la Península y los
encomenderos de las colonias hicieron lo que mejor convino a sus intereses con
muy poca vigilancia. Los españoles, por su parte, acumularon cuantiosas
ganancias con la extracción del oro de La Española. Con ese capital se auspició la
conquista de las aledañas islas de Cuba, Jamaica y Boriquén y así extrajeron de
ellas más oro. Allí se repitió la historia de repartimientos de taínos, su intento de
rebelión y derrota. Con la reducción de la población taína, disminuyó a su vez la
mano de obra con la que explotaban las minas de oro. Los españoles entonces
trasladaron indios de las islas aledañas, y a los que se resistieron les declararon la
guerra (irónicamente llamada “Justa”) por no aceptar la religión católica; y así
esclavizaron a los prisioneros.
Para inicios de la tercera década del siglo, los depósitos de oro estaban
prácticamente agotados, no sin antes generar abundantes beneficios a los
conquistadores, a la Iglesia católica y a la Corona española. Gracias a estas
riquezas, España se convirtió en el reino más poderoso de Europa durante el siglo
XVI. Desde 1516, establecieron los primeros ingenios para la producción de azúcar
para lo que invirtieron en máquinas y esclavos, pero con muy poco éxito. La
escasez de crédito y de mano de obra, así como los problemas en el transporte y
los ataques de los caribes hicieron muy difícil el desarrollo de esta industria que
sería fundamental en el desarrollo histórico de la región.
Las Antillas mayores constituyeron para los españoles un laboratorio colonial. Allí
tuvieron el primer contacto con los pobladores nativos y aprendieron a
relacionarse con ellos, experiencia que resultó de suma importancia para ellos en
su expansión por las tierras continentales. En ellas, los europeos también se
adaptaron al clima y a la comida; a su vez, adaptaron sus frutos y animales al
medioambiente caribeño. En La Española, Puerto Rico y Cuba —donde estaban
los principales asentamiento hispanos en el Caribe— reunieron a los hombres,
alimentos y animales que poblaron las expediciones de conquista de la “Tierra
Firme”. Los registros demuestran que la gran mayoría de los peninsulares que
viajaron a “hacer las Américas” durante el primer siglo de colonización fueron
andaluces y extremeños. No obstante, también hubo españoles de las otras
regiones, así como portugueses e italianos entre los primeros colonizadores del
Caribe. Fundaron una veintena de poblados durante las primeras décadas del
siglo XVI. Eran muy pocas las estructuras de piedra o mampostería, solo los
fuertes donde guardaban el oro y que protegían la población de los ataques
indígenas. Las familias prominentes construían sus casas de madera, mientras que
la mayoría de los colonos construían las suyas como los bohíos taínos y dormían
en las mismas hamacas. Del mismo modo, el alimento básico de todos era el pan
casabe confeccionado de la yuca. Es curioso que a pesar de catalogar a los taínos
como salvajes para justificar la colonización de sus tierras y someterlos a un
estado de servidumbre, adoptaron de ellos mucho de su estilo de vida y de sus
conocimientos de la tierra y del clima para poder sobrevivir en el Nuevo Mundo.
Durante los primeros años tras la conquista, los nuevos poblados vivieron bajo la
amenaza constante de los ataques caribes, a quienes se aliaron los taínos en un
desesperado intento de recuperar sus islas. Con el paso del siglo, fueron los
bucaneros y los corsarios —al servicio de los reinos europeos enemigos de
España—, quienes encarnaron los ataques contra los asentamientos hispanos en
el Caribe. Mas el principal objetivo de los corsarios era el atraco de las naves que
transportaban las riquezas americanas a la Península. Otras veces fue la
naturaleza la que representó el peligro con recios huracanes que transitan
periódicamente la región durante los meses de más calor. De igual forma, los
colonos sufrieron de hambrunas debido a sequías o porque utilizaron a los
trabajadores encomendados o esclavizados solo en la extracción de oro,
relegando tan importante tarea para satisfacer su ambición dorada.
Luego de la tercera década, y gracias a la promesa de mayores riquezas en la
Tierra Firme, los colonos no paraban en las islas y los que había querían irse. La
poca inmigración, junto a la merma de la población indígena y la llegada de los
esclavos produjo una población mayormente negra y mulata, seguida de indios y
mestizos dominados por unos cuantos miles de españoles. Como la mayoría de
los españoles eran hombres, es de suponer que escogieran como compañeras a
mujeres africanas o taínas, lo que produciría, a su vez, un aumento en la
población mestiza y mulata de las islas y un fuerte intercambio genético durante
el primer siglo de colonización. Para 1570 apenas había unos 24 poblados en las
Antillas españolas habitados por 7,500 españoles blancos, 22,150 “indios” y
56,000 negros, mulatos y mestizos. Estos asentamientos en la zona caribeña eran
españoles más por un imperativo político que por una realidad étnica o incluso
cultural. Los censos demuestran que individuos catalogados como “indios”
aparecían en la lista de algunos municipios como “vecinos”, es decir casados con
tierras, y por lo tanto, con acceso a los consejos municipales. Es interesante
destacar hasta qué punto algunos taínos y sus descendientes lograron adaptarse y
sobrevivir de alguna manera al exterminio que constituyó para su pueblo la
llegada de los españoles. Para ello tuvieron que asimilarse culturalmente a la
nueva realidad y, eventualmente, fueron absorbidos en el intercambio genético.
El fuerte centralismo creado por la Corona para la administración de las colonias y
la influencia de la Iglesia católica fueron fundamentales para la idea básica de lo
hispano, y darle cohesión al Nuevo Mundo. Ante el éxito de la empresa colonial
española en América y la consolidación de su Imperio, las otras potencias
europeas aumentaron sus esfuerzos por establecer colonias en el Nuevo Mundo.
En un principio, Inglaterra y Francia atacaron los intereses españoles para
diezmarles su poder y lograr romper su monopolio en la región. De esa manera, el
Caribe se convirtió en otro frente de las guerras entre las naciones europeas. Para
contrarrestar estos ataques, los españoles reorganizaron la defensa de su
comercio y asentamientos durante las últimas décadas del siglo. Organizaron la
construcción de un sistema de fortificaciones y establecieron guarniciones en
posiciones estratégicas a lo largo de todo el archipiélago, para así proteger sus
rutas de navegación comercial. De esa manera, los asentamientos de Vera Cruz,
Cartagena, La Habana, Santiago de Cuba, Santo Domingo, San Juan y la Florida
pasaron a ser ciudades muradas con mayor énfasis en lo militar que en lo
productivo. De los asentamientos en el Caribe, La Habana fue la más beneficiada
con estos cambios por estar en ruta entre la rica colonia de México y la península
hispana. También, regularizaron el tráfico marítimo al programar flotas para
proteger sus barcos mercantes de los piratas y corsarios. Establecieron una flota
de barcos rápidos para defender las flotas y patrullaron las aguas caribeñas. El
sistema funcionó mientras los españoles ostentaron una superioridad militar
sobre los demás reinos europeos, lo que cambiaría durante el próximo siglo.
Como parte de la reorganización colonial, la Corona española concentró sus
esfuerzos colonizadores en zonas más rentables en el continente y por ello fue
abandonando las islas más pequeñas, catalogándolas de “inservibles”. Esto
permitiría que, en los subsiguientes años, los otros reinos europeos se asentaran
poco a poco en ellas. Si bien los españoles desalentaron los asentamientos
prolongados en el archipiélago durante este siglo, los corsarios ingleses, franceses
y holandeses amenazaron continuamente el tránsito de las riquezas españolas
entre la metrópolis y sus colonias, al atacar sus barcos y poblados porteños. Ya en
las primeras décadas del siglo XVII, las otras naciones europeas lograron romper
el monopolio hispano en la región.
Esclavitud africana Los africanos llegaron al Caribe desde el segundo viaje de
Colón, cuando se inicia al proceso de colonización y conquista del “Nuevo
Mundo” y con ellos, la esclavitud impuesta por los españoles. Esta institución era
conocida y aceptada en el “Viejo Mundo”. Sin embargo, se hicieron esfuerzos
para combatirla; por ejemplo, la Iglesia católica prohibió a sus feligreses la
esclavitud de otros cristianos. Por eso, cuando la reina Isabel designó a los nativoamericanos como vasallos de su reino, y por lo tanto católicos, no pudieron
esclavizarlos, al menos en un sentido legal. En Europa había: esclavos árabes,
africanos y eslavos, la mayoría destacados como sirvientes, mas nunca como
fuerza trabajadora productora de riqueza o alimentos. Pero no todos los africanos
vinieron como esclavos, pues entre ellos participaron en varias facetas del
proceso, algunos incluso como conquistadores. Tal fue el caso de Juan Garrido,
quien a los quince años se trasladó a Lisboa desde el África occidental, donde se
hizo católico y aprendió las maneras europeas. Luego, se trasladó a Sevilla, desde
donde partió a La Española como sirviente de Pedro Garrido, de quién asumió el
nombre. En la colonia logró un puesto como militar al participar de la guerra
contra los taínos de aquella isla. Al lado de Juan Ponce de León participó de la
conquista de Puerto Rico y la Florida; y algunos años después, se trasladó a Cuba
desde donde fue a México junto a la expedición de Hernán Cortés. En la Nueva
España estableció su residencia, se casó y tuvo tres hijos; y allí vivió hasta los 67
años. Garrido por su participación en la conquista de los nuevos territorios para
España fue compensado con puestos de baja categoría en la administración
colonial. Hubo además, otros conquistadores negros como Sebastián Toral, que
participó de la conquista de Yucatán o Antonio Pérez y Juan Portugués en la de
Venezuela.
Sin embargo, la gran mayoría de los africanos negros llegaron al Caribe
forzosamente como esclavos. En un principio solo trajeron ladinos —es decir, que
estaban cristianizados y eran hispanoparlantes—, como servidumbre de los
señores españoles, y para controlar a los aborígenes. No obstante, con la
reducción de la población taína, comenzaron a traer bozales, como llamaban a los
africanos recién capturados, para que se encargaran de las agotadoras tareas
productivas como la extracción de oro, y luego en los ingenios azucareros. La
explotación del Nuevo Mundo también significó un cambio radical en la vida de
muchas culturas africanas, pues ellos constituyeron la principal mano de obra de
las empresas productivas del Caribe por los próximos cuatro siglos. Los esclavos
africanos, fueran ladinos o bozales, resistieron su opresiva condición desde el
primer momento. Tan temprano como en 1503, Nicolás de Ovando, principal
administrador de los nuevos territorios, se lamenta en sus informes a la Corona
de que los ladinos incitaban a los taínos a rebelarse y se escaparon juntos al
interior de La Española. Otros esclavos también escaparon a las islas de los
caribes, descendientes de esas poblaciones todavía perduran hoy, y son
conocidos como los “caribes negros”. Estas sociedades cimarronas se constituían
en aldeas o palenques y se organizaron para resistir los constantes ataques de los
amos blancos. Ellos, a su vez, atacaron los asentamientos españoles para adquirir
alimentos, herramientas de trabajo, armas y mujeres. La presencia de estas
comunidades fue una constante amenaza contra el orden colonial impuesto por la
Corona española en el Caribe y tuvieron muchísimas dificultades para reprimirlas.
Las rebeliones de los esclavos contra su condición fue la constante a lo largo de
todo el siglo en toda la región del Caribe. En 1522 se sublevaron los esclavos del
gobernador Diego Colón en La Española; en 1530 hubo otro levantamiento en la
ciudad panameña de Acla; así como en Venezuela en 1532; y al año siguiente,
sendas revueltas en Cuba y Panamá. En 1547 se destaca la prolongada rebelión de
Sebastián Lemba en La Española y la de 1550, dirigida por Juan Criollo, un esclavo
de segunda generación que también se sublevó contra la cruel institución. En
1579, negros rebeldes en Portobelo, en Panamá, obligaron a los colonos
españoles a firmar un tratado de paz en la que les concedían la libertad colectiva
a los sublevados tras varios años de lucha.
Durante este primer siglo de conquista europea en el Caribe se asentaron las
bases culturales y genéticas de lo que sería la población característica de sus islas.
Desde el comienzo de la colonización española se desató la conflictiva y violenta
relación entre españoles, africanos y arahuacos, que propició al m …
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